Cómo tener una relación más feliz y sana

mindfulness

 

La gran mayoría de personas buscamos una mayor satisfacción en cualquiera de los aspectos de nuestra vida. Esto es un hecho. Son demasiadas las cosas que nos ocupan y más todavía aquellas en las que debemos esforzarnos (ya sea por “placer” propio o porque así lo va marcando el ritmo de vida y la sociedad en general). En este contexto, son muchos los que se sentirán contentos de que demos algunos consejos sobre cómo tener una relación más feliz y sana.

Para hacerlo, te proponemos practicar el mindfulness, que, como ya sabrás si sigues el blog o si me conoces, se trata de vivir de manera consciente cada momento. Veamos cómo conseguimos aplicar esta práctica en nuestras relaciones personales.

 

Mindfulness en pareja: enfoca tu energía

 

Muchas personas tratan de llegar a acuerdos con sus parejas en los que el objetivo no es otro que hacerles cambiar. Las personas no cambian, maduran. Si una persona no ha madurado o ya lo ha hecho y no te gusta el resultado, no hay nada que puedas hacer, su personalidad es suya.

Tener continuas peleas por no haber cumplido lo prometido, por “volver a ser como antes” y demás, hace que toda tu energía vuelve de manera muy negativa. ¿Qué tal si en lugar de ello la enfocas hacia otro lado?

En estos casos, el tipo de meditación más adecuado es el mindfulness. Esto se debe a que, en una situación que para ti puede ser desagradable, no es adecuado estancarse sino que hay que tratar de exprimir el resto de elementos que rodean tu presente.

Con el mindfulness vamos a conseguir redirigir nuestros pensamientos, haremos que nuestra atención se aleje de lo negativo y que nos conectemos al presente, que nos subamos al carro de lo que está ocurriendo ahora mismo.

Esta práctica nos hace ser más abiertos, conscientes de nosotros mismos y, muy importante en una relación, compasivos, empáticos. Esta atención plena se traduce, irremediablemente, en la consecución de una relación más satisfactoria, más feliz.

 

Atención plena, ¿qué es y qué supone?

 

¿Por qué? Te preguntarás. Te contamos qué es el concepto de atención plena y cómo afecta a las relaciones.

 

  • Mayor atención

¿Nunca te ha pasado que alguien te está contando algo y, sinceramente, no le estás escuchando? Esperas a que termine de hablar para darle la razón y continuar con lo tuyo. O ni eso. Simplemente nos hemos quedado pensando en nuestras cosas. Imagina cómo debe sentirse la persona que está al otro lado, mostrándote lo importante que eres como para compartir sus experiencias contigo y recibiendo nada a cambio; bueno, sí, tu total ignorancia.

La práctica continuad de mindfulness hace que, poco a poco, las zonas del cerebro que se asocian con la atención se modifiquen sutilmente. No, de repente no vas a escuchar y entender todo sin hacer ni caso, pero esto te servirá para darte cuenta de que has encendido el piloto automático, permitiéndote actuar al instante, apagarlo y escuchar. Es decir, vas a ser consciente de que no estabas donde tenías que estar, pudiendo ponerle remedio.

 

  • Menos reacciones negativas

También las áreas de regulación de las emociones se ven afectadas con esta práctica. En particular, la amígdala, encargada de ver al mundo como un obstáculo que derribar, se empequeñece, de manera que nuestros comportamientos dejan de ser tan agresivos o negativos hacia los demás, en general.

Es lo ideal para cuando la pareja se encuentra en un ciclo de discusiones que parece no tener fin y en el que cada vez se van echando más y más cosas en cara.

 

  • Mejor regulación de las emociones

No dejamos la amígdala todavía porque, además, la atención plena trabaja sobre la corteza prefrontal, que es la que da indicaciones a la amígdala, diciéndole que todo va bien. No sólo la hacemos más pequeña sino que, además, la “adormilamos”.

Esto se traduce en una mucho mejor reacción ante situaciones que, por lo general, nos son desagradables.

 

  • Mayor autoconciencia

Trabajamos la autoconciencia a partir de la conducción de la corteza cingulada anterior, asociada a la regulación de nuestra propiocepción y creación de nuestra identidad y personalidad.

Esto hace que, cuando estamos actuando de una manera inadecuada, seamos más conscientes de ello y que, unido a lo demás, seamos capaces de reconducir nuestra actuación con una mayor facilidad. También nos ayudará notoriamente a controlar nuestros impulsos de destrucción o manipulación.

 

  • Florecimiento de la empatía

La ínsula es la zona de nuestro cerebro que se asocia a la compasión. Trabajarla hace que comprendamos mejor a los demás, tanto sus puntos de vista como sus emociones.

Utilizar la compasión en nuestras conversaciones y/o actuaciones hace que la situación fluya mejor, mandando de un lado a otro unas emociones positivas que crean un ambiente en el que todo funciona.

Nos expresamos con mayor calidez, respetamos las propuestas ajenas y, en general, unido a todo lo anterior, permitimos tener una relación más feliz y sana mejorando, además, nuestras propias circunstancias, que nos servirán para trasladar esa felicidad a otros aspectos de nuestra vida.

 

 

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