Cómo tomar la mejor decisión

Aunque está demostrado que los procesos de compra se hacen de manera puramente emocional (a veces incluso condicionando las decisiones respecto a los artículos de necesidad básica), lo cierto es que tomar la mejor decisión es algo que influirá poderosamente en el transcurso de nuestra vida, por lo que se debe dedicar tiempo y esfuerzo y aquello sobre lo que tenemos que elegir. Algunas decisiones pueden no tener repercusiones una vez pase, por ejemplo, una semana; otras nos acompañarán por siempre.

Sea como sea, mi consejo siempre va a ser saber cómo tomar la mejor decisión para, al menos, saber que cuentas con los recursos suficientes para ello, independientemente de que después elijas opciones que sean más o menos acertadas (algo que siempre variará según el criterio de cada cual).

Tomar la mejor decisión y no sentirse mal con ello

Cuando alguien se tiene que sentar a pensar tranquilamente sobre las opciones en algún aspecto de su vida es porque la importancia de lo que ocurra es tal que podría llegar a hacer que nos sintamos mal de un modo u otro. Eso es lo primero que debemos evitar, si no, este punto siempre estará presente y condicionará tu manera de pensar hasta el punto de que no hagas lo que realmente consideras adecuado sino aquello que menos mal nos hace.

Veamos cómo tomar la decisión tratando que ello nos afecte lo menos negativamente posible (aunque sé que a veces es imposible).

Piensa en tu incógnita

Toma tiempo para pensar en la incógnita en sí, en lo que hay que modificar, aquello sobre lo que existen diversas opciones. ¿Cómo te hace sentir? ¿Quieres mantener esos sentimientos o cambiarlos? ¿Existen soluciones afines a lo que deseas sentir? ¿Cómo es la situación actual? ¿Es necesario que se produzca un cambio? ¿En qué sentido?

Descubre cuáles son las dos opciones importantes

Generalmente, nada es blanco o negro, o no debería. Sin embargo, las decisiones importantes al final se terminan reduciendo a dos, que suelen ser opuestas. Descúbrelas para después comenzar a pensar en qué posibilidades incluye cada una de ellas y qué situaciones se descartan por completo con su elección.

Conoce ventajas y desventajas

De manera más específica, tendrás que hacer un estudio de las ventajas y desventajas que cada alternativa, con sus diferentes posibilidades, tiene.

¿Qué quieres asumir?

Ello debe servirte para desechar algunas de las opciones en función del cómputo total de beneficios e inconvenientes. Al final, es posible que te queden más alternativas de una de las opciones y sus variantes que de la otra. En ese caso, parece claro que una de esas variantes sería la adecuada, aunque no siempre tiene que ser así, a veces una única opción en contra de las demás es más fuerte; es algo que debes saber ver tú mismo en función de tus circunstancias, de la propia decisión y de lo que supone para ti y para el resto de personas que te importan.

Seguramente habrá opciones con responsabilidades que no puedes o no quieres asumir o cuyas ventajas no son suficiente. Sabiendo lo que pasará o no pasará, te queda elegir qué estás dispuesto a dejar que pase.

Destierra el miedo

Sólo deberías tener miedo de una decisión que ponga en peligro a los demás o a ti mismo. Una vez esas opciones estén desechadas, ¿qué hay que temer? La opinión de los demás nunca puede condicionar lo que haces puesto que nadie está en tu lugar ni comprende lo que te ha llevado a optar por una u otra alternativa. ¿Qué va a ocurrir? ¿Que en tu vida se den nuevas situaciones diferentes, incluso desagradables? Es algo con lo que ya debes contar de antemano, habiéndolo considerado como una desventaja que, por otro lado, seguro que tiene un contrapunto positivo.

Sé consciente de la decisión que tomas

Para no sentirte mal con tu elección es esencial que comprendas que todas las opciones tenían puntos buenos y puntos malos y que optar por una u otra iba a repercutir tanto positiva como negativamente en varios aspectos, por lo que no eres culpable de nada.

Además, si has considerado lo anterior, habrás tomado la mejor decisión, considerando los sentimientos, la situación actual, las diversas alternativas, lo positivo, lo negativo, lo indispensable… Además, por mucho que lo intentes, nunca puedes predecir según qué aspectos, por lo tanto, no puedes sentirte culpable por ellos. Tu elección habrá sido la correcta 🙂

Finalmente, quisiera terminar recordando lo importante y beneficioso de hacernos responsables de las decisiones tomadas. Seguro que si has pensado en ello es porque existen situaciones difíciles en todos los casos; no hagas una elección y, llegado el momento, abandones o dejes de lado las responsabilidades que supone. Esto no es positivo para nadie y sólo te hará retroceder e incluso colocarte en una situación peor.

Ser consciente de lo que uno hace no siempre es fácil pero es necesario para conseguir el mayor bienestar, tanto propio como para los demás. Una manera de aprender a gestionar las consecuencias de nuestros actos es la introducción del mindfulness o atención plena, que nos permite hacer un muy buen escrutinio de lo que vivimos.

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