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Reducir el estrés ayudando a los demás

¿Qué opinión te merece el altruismo? ¿Eres una persona cooperativa, empática y benevolente que se presta cuando es necesario? ¿Sabes, entonces, que estás favoreciendo el reducir el estrés ayudando a los demás?

 

Los sistemas emocionales de las personas y su relación con reducir el estrés ayudando a los demás

 

Estos son:

 

Amenaza/Defensa

 

Nos mantiene alerta si existen amenazas potenciales para nuestra vida. Este sistema se activa al detectar, nosotros, cualquier situación que podría derivar en peligro.

 

Este actúa de manera rápida y genera en nosotros sensaciones como ira o ansiedad. En esta circunstancia, segregamos cortisol y adrenalina.

 

Incentivo/Búsqueda

 

Este se encarga de regular nuestra emoción y nuestra motivación cuando necesitamos buscar los recursos esenciales para mantenernos a salvo y bien. Es de esta manera como recibimos la energía y sentimos placer, bienestar, etc.

 

Lo que hace es crear y poner en marcha conductas de logro que buscan la consecución de nuestros objetivos. Para ello, se segrega dopamina.

 

Calma/Satisfacción

 

Este sistema se va a relacionar con el apego seguro, la alegría y las relaciones sociales a todos los niveles. Nos aporta seguridad y calma.

 

Es un sistema que se activa al encontrarnos con aquellas personas con las que estamos vinculados de manera emocional, al crear relaciones de confianza o de generosidad y también cuando ayudamos de manera desinteresada. Nuestro organismo segrega endorfinas y oxitocina.

 

¿Estamos equilibrados?

 

Ahora que conoces un poco mejor cómo funcionamos los seres humanos, debes plantearte si tus tres sistemas se activan por igual, si existe un equilibrio entre tu miedo, tu supervivencia y tu satisfacción.

 

Con el frenético ritmo de vida de la sociedad actual, no me extrañaría que me dijeses que vives continuamente estresado y que lo poco que puedes hacer se basa en “sobrevivir”. Es decir, que lo que haces es tener activos los dos primeros sistemas. Los demás quedan relegados a un tercer plano y, en muchas ocasiones, ni eso. No te sientas mal, es algo habitual que, por desgracia, nos hemos ido viendo obligados a hacer, prácticamente sin darnos cuenta, para mantener nuestro ritmo en el trabajo, seguir siendo responsables de nuestras familias, etc.

 

El problema de esto radica en que, más allá de lo que consigas hacer por los demás -que también es importante-, al no activar el sistema de calma y satisfacción, siempre estamos a la defensiva, estresados en tensión y luchando por conseguir nuestros objetivos; no damos espacio a sentirnos cómodos.

 

¿Ves por dónde voy? Estas activaciones hacen que perdamos la oportunidad de beneficiarnos emocional y fisiológicamente del simple, humano y bonito gesto de ayudar a los demás. Esta es la manera de reducir el estrés ayudando a los demás; es natural, la tenemos delante y no la vemos.

 

Para poder poner remedio a esto precisamos de un método de regulación entre los sistemas: la compasión.

 

  • La autocompasión

 

Empieza por practicar la compasión, pero hacia ti mismo. Es de esta manera como te será más fácil identificar los problemas de los demás y creas conductas cooperativas, aun cuando te encuentres estresado.

 

Para empezar, debes concienciarte de tu propio sufrimiento. Ello implica reconocer que no somos perfectos, que somos frágiles. Este es un paso duro, no cabe duda.

 

Por lo general, una situación difícil se sobrelleva y nunca nos detenemos a reconocer cómo nos sentimos o a qué nos enfrentamos. Si no somos capaces de hacer esto por nosotros, ¿cómo vamos a poder hacerlo de cara a los demás?

 

No es natural preocuparse por los demás si no lo hacemos por nosotros mismos; aunque pueda parecer noble, es artificial y termina saliendo mal. Es una situación que termina aislándote de la realidad y de tus propios sentimientos, pues empiezas a confundir lo que sientes y lo que haces.

 

¿Eres ya consciente de cómo te sientes? ¿Eres capaz de darte calma a ti mismo? ¿Te apoyas? ¿Tienes opciones?

 

  • La compasión hacia los demás

 

Sentir compasión por otra persona supone ver y reconocer su sufrimiento además de tener un sentimiento de bondad hacia esas personas que lo pasan mal. Sólo de esta manera sentirás un deseo sincero de ayudar.

 

Debes poder hacer por los demás lo que eres capaz de hacer por ti mismo. Dar apoyo en todos los aspectos en los que esto sea posible, proporcionar calma, proponer soluciones…

 

Es así como vas a conseguir, de la manera más noble, eliminar tus sensaciones de estrés.

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