¿Qué ocurre cuando no nos planificamos?

Todo lo que hacemos debe tener una base detrás que lo argumente. De no ser así, aparecen los problemas. Estos son de diversa índole pero acaban por unirse y multiplicar su repercusión en nosotros, en nuestro trabajo, en nuestra relación con los demás y en mucho más.

Voy a contarte qué es lo que ocurre cuando no nos planificamos; pronto te darán ganas de sentarte a elaborar un plan de acción para que esto no llegue a ocurrirte y, si ya es tarde, para salir cuanto antes de un círculo vicioso que sólo trae disgustos.

Los 6 problemas de la falta de planificación

Mucha atención a lo que vas a leer a continuación porque es posible que nunca imaginases todo lo negativo que supone no tener un plan de acción.

Estrés

Lo desconocido supone que generemos adrenalina, tanto en los casos positivos como en los negativos. La primera vez en paracaídas es toda una experiencia pero… ¿la primera inversión de 30000 euros sin un plan de empresa crees que supondría lo mismo para ti? También es una experiencia, sin duda, pero no igual de agradable, ¿verdad?

Cuando la adrenalina no se quema nos intoxica, literalmente (por eso se aconseja el ejercicio para ejecutivos y cargos de responsabilidad, por ejemplo). Al intoxicarnos aflora el efecto negativo, nos estresamos y, ese estrés, mal llevado, suele derivar en ansiedad.

Cuando no sabemos hacia dónde dar el paso y cuando tememos a lo desconocido (no tenemos información) esa adrenalina nos desborda y se convierte en estas patologías que ya se consideran, por la OMS, enfermedades del primer mundo.

Horarios descontrolados

La improvisación nos permite saber cuándo empezar pero no cuándo acabar. Nos llevamos trabajo a casa y ocupamos tiempo de trabajo en recados domésticos; han confluido nuestras vidas y, con ello, nuestros horarios se descontrolan, y cada vez lo hacen más. Decidimos estirar la jornada, nos despertamos con falta de horas en la cama, acumulamos trabajo, nos agotamos y nos echamos la siesta, consiguiendo desvelarnos en la noche… A corto plazo es evidente que salimos beneficiados, al menos en los aspectos que nos han llevado a tomar la decisión de incorporar esos cambios. Sin embargo, en seguida te darás cuenta de lo negativo que se vuelve.

Esto repercute negativamente en el sueño, por supuesto, pero también en nuestro estado de ánimo y en la convivencia con los demás.

Conflictos personales

No planificarse supone vivir en momentos de constantes malos entendidos. También nos encontramos con la necesidad de tener a alguien más para ayudarnos a conseguir lo que solos no podemos. Estas personas se ven afectadas por nuestra situación y nosotros también nos minusvaloramos al ver cómo hemos precisado de ayuda externa. Las relaciones con los demás se resienten y nuestra imagen propia se ve modificada, con el consecuente desequilibrio que ello, y todo lo anterior, supone.

Delegación inadecuada

Inevitablemente, vas a delegar mal en los demás, cargándote en exceso, dejando en los demás responsabilidades que no les competen, o ambas. Si no sabes lo que vas a hacer ni cuándo difícilmente podrás ahorrar tiempo en recados o llamadas o concretar actividades para las personas más adecuadas para que las lleven a cabo. Así, todo sale peor y se termina tardando más en conseguir lo que se desea.

Menor creatividad

Estrés, falta de tiempo, falta de ánimo, incompatibilidades, malas relaciones personales, falta de amor propio… ¿No es un escenario perfecto para que nuestra creatividad salga huyendo despavorida? En un caso así… ¿quién atiende a los procesos creativos? Luchamos, literalmente, por sobrevivir, por hacer las cosas de una manera que, simplemente, permita que salgan adelante.

Esto supone una pérdida total de las posibilidades de innovación, de la generación de elementos que bañan nuestro organismo cuando sentimos el placer de crear y, con ello, dependiendo de la situación, podemos llegar, incluso, a tener pérdidas económicas y de oportunidades de trabajo.

Imagina esta situación en un escritor, en un pintor… En estos casos el perjuicio resulta evidente, pero debes saber que a todos nos es negativo perder la capacidad creativa. No nos esforzamos por diseñar los menús de nuestros hijos, decidimos mantener la política de ejercicios pasados empresarial por no querer adentrarnos en ella y buscar maneras diferentes de afrontar los problemas que se han ido haciendo visibles, no renovamos el catálogo de productos por no redecorar nuestro local… ¡Fíjate si es malo no tener afán creativo!

Pérdida del rumbo

Todo ello, y el propio hecho de no tener un plan, nos hace, definitivamente, perder el rumbo. Nos vemos sobrepasados, se nos acumulan las caídas y las tareas, no gestionamos los fracasos, no encontramos soluciones efectivas, damos rodeos a las situaciones tanto para evitar algunas como porque no sabemos afrontar otras de manera eficaz… La pérdida de tiempo es total, el ánimo cae por los suelos y cada vez nos vemos menos incapaces, sobre todo si no tenemos claro dónde queremos llegar.

Termino recomendándote otras lecturas escritas por mí que se relacionan con este tema y que creo que te ayudarán a entenderlo mejor y a profundizar en él.

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