¿No tienes complejos?

 

En nuestra andanza por la vida, uno de los mayores problemas con el que nos encontramos nos lo imponemos nosotros mismos. Hemos creado una realidad con unos estándares y unas consideraciones “normales” que hace que tendamos a autodestruirnos con concepciones propias erróneas… ¿o es que acaso tú no tienes complejos? 

La imagen del mundo, y más importante, la imagen de cada uno de nosotros, hace que nuestros pensamientos sean de tipo constructivos o destructivos, sintiéndonos ganadores o perdedores y condicionando, con ello, nuestras actuaciones y nuestro crecimiento personal. 

 

Los complejos que nos acompañan 

 

Aunque podemos sentirnos acomplejados por muchas cosas, son básicamente cuatro los complejos que limitan ese crecimiento o desarrollo personal del que hablamos. 

 

Complejo de inferioridad 

Tenemos una visión tan buena de lo que significa conseguir grandes cosas que nos quitamos valor a nosotros mismos por el simple hecho de no haber conseguido algo similar, aspecto que, por otro lado, en muchas ocasiones tampoco es cierto, pues los méritos son totalmente subjetivos. 

No es extraño escuchar a personas decir cosas como “no sirvo para esto” o “aún no estoy preparado”. Independientemente de que estas afirmaciones tengan o no algo de verdad, lo que sí es cierto es que con ellas (y creyéndolas) estamos condicionándonos negativamente, estamos cortando nuestras alas y minusvalorando nuestras capacidades que, finalmente, se verán mermadas ante este tipo de actitudes. 

 

Complejo de culpa 

También hay quien cree que no merece las cosas que le pasan, quien se culpabiliza porque le ocurren cosas buenas o simplemente por el hecho de no tener problemas y otras personas de su entorno sí. 

Se conciben como seres mediocres que no deben disfrutar de aquello que la vida les pone delante y se sienten culpables si lo hacen. 

 

Complejo de éxito 

Muchas personas no quieren tener éxito. Existe un miedo tal a suscitar envidias, a que otras personas hagan críticas o al simple hecho de no tener intimidad (o que esta pierda calidad) que muchas veces nos creamos barreras que no existen con tal de no prosperar; no queremos tener éxito. 

 

Complejo de ignorancia 

¿Cuántas veces, ante una situación en la que era preciso actuar, hemos dicho “no sé”? El camino más cómodo es pasar por la vida sin pena ni gloria; sin esfuerzos, sin responsabilidades y sin consecuencias que, en ocasiones, podrían ser negativas. 

Hablando claro, nos hacemos los tontos para evitar que cualquier situación pueda salpicarnos o podamos crear sensaciones en otras personas. 

Lo que estamos haciendo realmente es perder la oportunidad de aprender, una oportunidad realmente valiosa al que a menudo se le quita el valor que tiene en pos de otros intereses que creemos más importantes pero que realmente no lo son. 

 

Párate a pensar 

 

Sabiendo esto, es importante que te dediques un tiempo a ti mismo, a pensar si no tienes complejos o si realmente estos aparecen en diversas situaciones. ¿Pocas? ¿Muchas? ¿Qué complejos aparecen y cuándo? ¿Estás limitado por ellos? ¿Tienes una imagen positiva de ti mismo? 

Este punto es esencial para dar el siguiente paso en tu vida. Es necesario ser consciente de la situación de cada uno para trabajar sobre ella y reconducir nuestros pensamientos y nuestras acciones. 

Si necesitas saber más sobre este tema y comenzar cuanto antes a librarte de esos complejos que te limitan, puedes apoyarte en el libro “Tus zonas erróneas” del aclamado autor Dyer Wayne. En él se trata este tema en profundidad y se relaciona con muchos aspectos del desarrollo personal. 

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