Los errores que cometemos al planificar cualquier cosa

En muchas ocasiones os he hablado aquí sobre la planificación. Cada persona, por supuesto, al leerme puede decidir ignorar mi mensaje. Después, hay otras que entienden lo que quiero decir y terminan, sea por el motivo que sea, planificándose, ya sea para algo puntual, en el trabajo o, en general, toda su vida, tratando de dar un cambio total.

Sin embargo, continuamente me encuentro con personas que, intentándolo, no lo consiguen, ya sea nada más empezar o un poco más adelante; los problemas afloran, y precisamente hoy quisiera unir todos esos errores que cometemos al planificar cualquier cosa para que estés sobre aviso y para ayudarte, por supuesto, a tratar de solventarlos en la medida de lo posible.

8 errores de planificación y cómo ponerles solución

A priori, se me ocurren ocho errores importantes que cometemos cuando tratamos de planificarnos en cualquier aspecto de nuestra vida.

La medida de los tiempos

Por lo general, tendemos a creer que haremos las cosas demasiado rápido, de manera que agendamos poco tiempo para ellas, de manera que acabamos no haciéndolas o dejándolas a medias o mal hechas. El resultado es una frustración por alcanzar continuamente los objetivos fijados o la creación de una autovisión que no se corresponde con la realidad, atribuyéndonos éxitos que realmente no lo son porque hemos hecho, hablando claro, auténticas chapuzas.

Te propongo dos soluciones complementarias. La primera es pensar en tus actividades reduciéndolas al mínimo exponente, de manera que puedas calcular mejor cada una de las tareas. Por otro lado, no olvides el tiempo que dediques a prepararte, desplazarte, descansar, etc.

Sin considerar los imprevistos

Aunque nos planifiquemos a tope, los imprevistos pueden aparecer. A nadie le gusta pero están ahí. La pena o desgracia es que, por supuesto, no queremos contar con ellos porque nos negamos a creer que vamos a hacer las cosas mal o que algo se va a interponer en nuestro camino. Además, tampoco queremos invertir el tiempo en algo que se supone que no va a ocurrir. Este problema no queda ahí sino que hace que todo lo demás se nos descabece.

La única solución es dedicar un tiempo al imprevisto, es decir “preverlo”. Lo bueno es que no es algo que tengas que hacer a diario; todo depende de lo que estemos planificando.

Confianza en la magia

Creer que todo se soluciona solo, que mañana harás lo que no has hecho hoy, que pasado harás lo que te quede por hacer mañana… Algunas cosas que dejemos en la recámara no tendrán una gran repercusión pero te aseguro que no se solucionarán solas.

Realismo y optimismo no son contrarios sino complementarios. Es decir, hay que pensar bien las cosas, acercarse a ellas con optimismo, pero manteniendo siempre la objetividad y siendo realista.

No tener prioridades

Además, debes aprender a distinguir entre aquellas cosas que son importantes y las otras algo más nimias y, en base a ello, establecer prioridades en cuanto a tu actuación. Eso sí, priorizar no significa hacer siempre lo importante e ir dejando lo demás pues ese es un error que también hacemos tanto como no haber priorizado.

Hay, por tanto, que priorizar, pero priorizar dando importancia también a lo menos prioritario, de manera que no acabe cayendo en abandono.

Ir reduciendo objetivos

Al ver que no somos capaces de hacer todo lo que nos hemos propuesto (mal calculado, sin priorizar adecuadamente o sin considerar imprevistos) una y otra vez terminamos reduciendo nuestros objetivos. Nos conformamos, o no, con menos o peores objetivos, lo cual lleva a frustración y pude que, con ello, a abandono.

Si se da esa situación debe centrarte por completo en hacer un análisis de las cosas que fallan y buscar la solución más adecuada, pero nunca vayas hacia atrás.

Demasiadas concesiones

Nos hacemos muchas concesiones, alargando los tiempos y haciendo todo tipo de concesiones para no sentirnos culpables por no haber llegado, haciéndonos creer a nosotros mismos que no hemos fracasado sino que estamos en stand by, que seguimos en ello pero de lejos.

Lo que tienes que hacer es buscar nuevas maneras de conseguir lograr tus objetivos. Lo mejor, para ello, es fomentar la creatividad, ser imaginativo y poder trabajar de maneras diferentes, de manera que no tengamos que llegar a hacer dichas concesiones.

No evaluar lo que haces

¿Vas bien? ¿En tiempo? ¿Has logrado algo imprevisto? ¿Cómo te sientes a este ritmo? Así, te das cuenta de cómo vas trabajando y de los cambios que debes hacer.

La solución es tan sencilla como descubrir en qué nos hemos desviado y comenzar a corregir.

¿Qué es una agenda?

Cuando no dejas constancia por escrito de lo que hay que hacer, cómo y cuándo no podemos corroborar si lo estamos haciendo bien o no. Se nos cruzan tareas, nos esforzamos por hacer algo en una fecha y resulta que teníamos más tiempo, o a la inversa, creemos ir con tiempo y hemos llegado tarde a nuestro objetivo.

De verdad, compra una agenda para tener siempre presente lo que hacer, sin tener que hacer adivinaciones ni esforzarte en demasía por recordar cosas. Además, echar un vistazo a la agenda te permite darte distancia, viendo las cosas desde fuera.

Con todo lo anterior seguramente te hayas puesto en situación y, aunque pongamos todo nuestro empeño, hay algunos errores que cometemos al planificar cualquier cosa; es inevitable cometer esos errores al empezar y lo importante es dedicar tiempo y esfuerzo desde el principio, desde que decides tomar las riendas, para que ello no ocurra más adelante.

Para completar esta lectura voy a recomendarte algunos otros temas que he ido subiendo al blog y que se relacionan estrechamente con el tema que hemos visto.

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