Las batallas del emprendedor

¿Dirías que emprender es una odisea? ¿Acabas de empezar y te sientes la viva imagen de Ulises? Son muchas las batallas del emprendedor pues tener todo el empeño, mucho valor y una fuerte motivación no es suficiente, nunca, para esquivar lo malo (o menos bueno) que está por venir.

Es precisamente de esas batallas, que no guerras, de las que te quiero hablar hoy para ponerte un poco en contexto si aún no te has animado a dar el paso o acabas de hacerlo y ves que no todo es tan bonito como lo pintan.

El emprendedor vs el mundo

A veces puede parecerlo. Todo nos pasa a nosotros, ¿no? ¿Qué posibilidades había…? Una como poco, según parece.

Hoy te voy a mostrar un panorama poco esperanzador, pues voy a hablarte de todos los problemas que se presentan a quien busca emprender. Sin embargo, es importante que comprendas que esto es un conjunto de todo lo que podría ir ocurriendo a lo largo del tiempo y que, de hecho, no tiene por qué darse.

Empezar

  • El problema

Empezar supone una batalla de las más difíciles, pues combatimos contra nosotros mismos.

Debemos invertir mucho tiempo en pensar qué queremos y cómo conseguirlo, restándolo de nuestra vida social y familiar y de ocio.

También es necesario tomar decisiones que, a prioiri, pueden no hacerte demasiado feliz o, como poco, estar inconforme.

Tienes que mirarte a ti mismo y esforzarte por crear una autoimagen en la que veamos a un triunfador, algo que habitualmente resulta muy difícil de conseguir.

Tienes que hacer muchos sacrificios.

Debes dar de lado aquello que te gusta, que te interesa o que te conviene en ese instante por un bien mayor que, de hecho, no sabes si llegará a producirse.

Luchas contra la incertidumbre, contra el miedo, contra los riesgos…

En definitiva, sales por completo de tu zona de confort para emprender un camino que sabes desde el principio que es incómodo. Pero… es lo que tiene que hacer para empezar.

  • La solución

La solución a este grandísimo problema es la determinación y la paciencia.

Es muy necesario que establezcas unos objetivos y que te planifiques de la mejor manera para conciliar tu vida con tus nuevas ambiciones.

Por otro lado, tendrás que trabajar en ti mismo, comenzando por aprender a conocerte, modificar, eliminar e introducir hábitos, y trabajar acorde a tus posibilidades, no pedir ni de más ni de menos.

La mejor motivación será pensar en lo que supone conseguir tu objetivo directamente, pero también lo que obtendrás por el camino y, por supuesto, lo que ello supone en planos en los que ni te imaginas como cambiar nuestro estilo de vida, servir de motivación a los demás…

No tengas prisa en lograr todo esto, no hay que empezar por el tejado sino por los cimientos, y estos deben ser fuertes, capaces de soportar tanto la casa como el viento y la lluvia.

Ilusiones y falsas expectativas

  • El problema

Cuando somos inexpertos en un tema somos ingenuos también. Incluso aunque la vida nos enseñe en muchos aspectos, en ocasiones nos enfrentamos a situaciones en las que aún somos inocentes y creemos que no nos vamos a llevar el bofetón, hasta que ocurre.

Una ilusión desmesurada y unas expectativas mal ajustadas pueden hacernos mucho daño cuando vemos que no se corresponden con la realidad.

Estos aspectos te atraen y lo que era una motivación para arrancar se convierte en una treta para entretenerte, confundirte e incluso engañarte.

El resultado es una pérdida de recursos, incluidos algunos irrecuperables como el tiempo o esenciales como la motivación.

  • La solución

En este caso la solución debería venir dada desde el primer momento. Debes saber que lo que deseas conseguir requiere de esfuerzo y sacrificio, si algo o alguien hacen que parezca muy sencillo, ¡alerta! ¡algo no es como aparenta ser!

Debes ser consciente de lo que supone aquello que ansías. También debes comprender y tener por seguro que, desgraciadamente, nadie (o casi) regala nada y que tendrás que esforzarte.

En cuanto a la ilusión, esta debe ser acorde a lo que se va a conseguir, por supuesto, pero también estar equilibrada con lo que tenemos que sacrificar e ir in crescendo según consigamos nuestros logros. Para ello, nada como ser consciente, nuevamente, de lo que vas a tener en cada momento y de las dificultades que se te van a presentar, lo cual requiere, nuevamente, de una perfecta planificación antes de arrancar.

Miedos y dudas

  • El problema

La tercera de las batallas del emprendedor vuelve a ser interna. Da miedo empezar pero también se tiene temor a lo que se va encontrando en el camino y es desconocido, oscuro o difícil. ¿Estaré haciendo lo correcto? ¿Debería encontrarme en este punto? ¿He ido demasiado lejos? ¿Voy demasiado despacio? ¿Seré capaz de dar el siguiente paso? ¿Qué haré cuando llegue donde se encuentra el resto?

Dudas y miedos, miedos y dudas; inevitables en el ser humano y signo inequívoco de que continuamos aprendiendo.

  • La solución

En este punto no me voy a entretener mucho. Si tienes miedos, enfréntalos para aprender y comprender; si tienes dudas, actúa para saber cuál es el desenlace. ¿Cómo hacerlo? Pensando siempre en cuál es la mejor opción para todos, sopesando las opciones y escogiendo entre aquellas que menos se alejen de tus objetivos.

Las amenazas externas

  • El problema

Las amenazas externas son aquellas que vienen cuando ya tenemos algo propio, interno. Puede ser un cambio en los hábitos de consumo, una competencia directa a la vuelta de la esquina o la falta de innovación del sector. Son aspectos muy variados en los que tú no puedes meter mano directamente.

  • La solución

Lo que sí puedes hacer es trabajar en lo que tienes para tratar de menguar el efecto que estas amenazas tienen sobre ti y tu negocio.

Nuevamente tengo que decirte que poner solución a ello pasaría, primeramente, por la prevención. Con un buen análisis de la situación geográfica, del sector, de tu público, etc. a la hora de trabajar en tu plan de negocio podías haber previsto algunas de estas circunstancias.

Además, aunque algunas no se puedan prever con un análisis sí podemos hacerlo con el sentido común, dedicando mucho tiempo a pensar en todo lo que puede interferir en nuestra actividad.

Trabajar en ello de antemano hace que podamos actuar mejor y más rápido, haciendo que las soluciones afloren suponiendo el menor perjuicio para nosotros.

Por supuesto, una vez que el daño esté hecho, céntrate en averiguar que puedes hacer tú, como empresa, para protegerte de esa tempestad. Rodéate de un verdadero equipo de trabajo, busca un profesional acorde a la necesidad del momento (desde un creativo hasta un contable, ¡vete tú a saber!), pide consejo a personas que vean la situación desde un punto de vista completamente ajeno a ti, pide ayuda…

Tu posición en esta guerra

  • El problema

Vale, te has protegido. ¿Y ahora? Llegará un momento en el que querrás posicionarte, y ya puestos, lo querrás hacer en todo lo alto, ¿no? Dudo mucho que alguien se arriesgue y sacrifique lo que tiene para no conseguir algo mejor.

  • La solución

Esta solución es sencilla y nada trascendental: conoce a tus competidores. Dedica todo tu tiempo a estudiarlos, comprender qué buscan, qué hacen y cómo y por qué obtienen las respuestas que esperan.

Trabaja duro por igualarlos y, una vez aquí, no abandones, da una vuelta de rosca, ve un paso más allá, sube otro escalón.

Para ello, nuevamente precisarás de la ayuda de un equipo de profesionales especializados que te asesoren, pero también de mucho coraje para dar el que seguramente sea uno de los pasos más importantes de tu vida.

Estudia la situación, trabaja duro cada día, tenlo todo preparado y, cuando llegue el momento perfecto, aprovéchalo como sea, cueste lo que cueste.

Por supuesto estas batallas del emprendedor, como ya he comentado antes, no vendrán todas juntas, de manera que no tienes que preocuparte ni temer; al contrario, lo que necesitas es preparación, mente fría, paciencia y ganas de lograrlo.

Por supuesto, te dejaré algunos temas más para profundizar en esta reflexión, aportarle valor y completarla.

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