EL PODER DE CREER EN UNO MISMO

“Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, estás en lo cierto”

            Henry Ford

El primer reto de toda persona debería ser el de creer en sí mismas. Las personas que consiguen grandes objetivos, grandes metas, tienen una característica en común: creen en sí mismas. Creer que podemos realizar algo, nos mueve a ir a por ello; en cambio, creer que no podemos nos paraliza.

QUÉ ES UNA CREENCIA?

Una creencia no es otra cosa que una idea que damos por cierta pero que muchas veces es falsa. Las creencias se han ido almacenando en nuestro inconsciente en los primeros años de nuestra vida a través de lo que hemos visto, oído y vivido. Construimos nuestras creencias basándonos en nuestras experiencias y luego actuamos como si fuesen ciertas. Y nuestro inconsciente gobierna nuestra vida. Por eso, si no cambiamos nuestras creencias, nuestra vida seguirá siempre como hasta ahora.

Recorde
mos la máxima de sabiduría que nos dejó el gran yogui Paramahansa Yogananda:

“El ser humano siembra un pensamiento y cosecha una acción.

Siembra una acción y cosecha un hábito.

Siembra un hábito y cosecha un carácter.

Siembra un carácter y cosecha un destino”

 

 

Sabemos que nuestras creencias (lo que una persona cree) determinan nuestros pensamientos (lo que piensa); nuestros pensamientos, nuestros sentimientos (lo que siente); nuestros sentimientos, nuestros comportamientos (lo que hace), y nuestros comportamientos, nuestros resultados (lo que obtiene). Por tanto, el origen y la causa de todo son nuestras creencias potenciadoras o limitantes.

Entender esto es importante, porque muchas veces lo que nos impide avanzar en la vida no es lo que desconocemos, sino lo que creemos que sabemos y es falso. Por tanto, las creencias nos pueden limitar o capacitar para tomar decisiones futuras y determinar quién soy y qué soy capaz de hacer. Cada una de nuestras acciones es el resultado de nuestras creencias.

A continuación, dos ejemplos para ver lo que las creencias potenciadoras pueden hacer por nosotros:

1.- Cuando Michael Jordan no fue aceptado en el equipo de baloncesto del Instituto, podría haber dejado la práctica deportiva, pensar que no valía para ese deporte y dedicarse a otra cosa. Jordan, sin embargo creyó que si se levantaba todos los días a las 6 de la mañana y entrenaba duro, conseguiría su objetivo. Años más tarde Michael volvió a no ser elegido para el equipo universitario de North Carolina y fue relegado al equipo suplente. Jordan aplicó la misma receta: trabajo, superación y disciplina. Entrenaba de tal forma que los jugadores del equipo titular llegaban una hora antes al pabellón para verle entrenar. Años más tarde Michael Jordan se convirtió en el mejor jugador de la historia de la NBA con numerosos premios y títulos a sus espaldas.

2.- Esto fue lo que hizo Roger Bannister:

Durante más de cinco décadas de competencia olímpica, ningún atleta había podido acercarse a la marca impuesta en 1903 para la carrera de la milla. En aquella ocasión, Harry Andrews, entrenador olímpico del equipo británico había profetizado: “el record de la milla de 4 minutos, 12.75 segundos, nunca será superado”.

Existían aún menos posibilidades de correr algún día dicha carrera en menos de cuatro minutos. De acuerdo a muchos, esa era una hazaña imposible de realizar.

Los atletas escuchaban de los “expertos” una multitud de razones que respaldaban la afirmación hecha por Andrews. Inclusive la comunidad médica advertía a los atletas sobre los peligros asociados con intentar la absurda proeza de correr una milla en menos de cuatro minutos. Como resultado de esta creencia, en los siguientes cincuenta años los mejores atletas del mundo llegaron cerca de este record, pero ninguno logró superarlo. ¿Por qué? Porque los médicos habían dicho que era imposible. Los científicos opinaban lo mismo y afirmaban que el cuerpo no soportaría tal esfuerzo y que el corazón literalmente podría explotar.

Todo cambió el día en que el joven corredor británico Roger Bannister hizo un anuncio público: Él correría la milla en menos de cuatro minutos.

En realidad, la decisión de lograr la hazaña era algo que le venía dando vueltas en su cabeza desde dos años atrás. En 1951, Roger había capturado el título británico en la carrera de la milla y sintió que estaba preparado para la competencia olímpica. Desafortunadamente, cambios de último minuto en el horario de las competiciones de los Juegos Olímpicos de 1952 lo forzaron a competir sin suficiente descanso entre sus dos eventos y terminó en cuarto lugar. Como era de esperar, el joven atleta debió soportar todas las críticas de la prensa deportiva británica quien culpó su estilo de entrenamiento poco ortodoxo por su pobre actuación.

Al escuchar esto, el joven atleta resolvió reivindicar su nombre anunciando públicamente que rompería la aparentemente imposible barrera de los cuatro minutos. Todo el mundo pensó que había perdido la razón, desde la prensa deportiva hasta la comunidad médica.

Su oportunidad llegó el seis de mayo de 1954, después de varias caídas y decepciones. En la Universidad de Oxford, Roger logró lo imposible; corrió la milla en menos de cuatro minutos y sobrevivió. El mito se había roto.

Cuando esta noticia  dio la vuelta al mundo algo sorprendente ocurrió. En menos de un año, 37 atletas ya habían superado esta misma marca. El siguiente año, más de 300 atletas registraron marcas por debajo de los cuatro minutos. Hoy, incluso estudiantes de la escuela secundaria rompen con facilidad la marca de los cuatro minutos para la carrera de la milla.

Cuando  le preguntaron a Bannister cómo era posible que tantas personas hubiesen aprendido a correr tan rápido en tan poco tiempo, él respondió: “Nada de esto ocurrió porque de repente el ser humano se hubiese convertido en un ser más rápido, sino porque entendió que no se trataba de una imposibilidad física sino de una barrera mental”. Lo único que hicieron estos atletas fue desalojar de su mente creencias limitantes que los habían detenido para utilizar su verdadero potencial durante más de cinco décadas.

Todas las personas tenemos muchas de estas mismas barreras mentales. Todas podemos deshacernos de ellas en algún momento a lo largo de nuestra vida, con la esperanza de descubrir nuestro verdadero potencial. Yo puedo hacer lo mismo. Lo único que tengo que hacer es identificar las falsas creencias que han limitado mi vida hasta ahora y reemplazarlas por ideas que me fortalezcan y me permitan utilizar el poder que ya reside en mi interior y que sólo espera ser utilizado para ayudarme a alcanzar mis metas más profundas.

Para finalizar, te invito a que cojas lápiz y papel. Confío en que responder a las siguientes preguntas pueda hacer que te sea más fácil decidir qué quieres hacer con tus creencias actuales:

  1. ¿Qué crees que puede potenciarte/limitarte a la hora de conseguir tus objetivos?
  2. ¿Pará qué te sirven esas creencias?¿Qué te aportan?
  3. imagina que esas creencias que te frenan no son ciertas ¿Qué pasaría?

El viaje continua…

 

Juanjo Lertxundi (Sherpa Life)

 

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