Alcanzar el equilibrio de nuestra personalidad

En muchas ocasiones he hablado, inmerso en otros temas, de la importancia de alcanzar el equilibrio de nuestra personalidad o de cómo esto hace que tengamos éxito en muchos aspectos.

Se trata de algo difícil con lo que muchos sueñan pero que a veces ni nos molestamos en sopesar como una opción real debido a que parece algo imposible, que nos va a absorber, a estar mucho tiempo o a hacernos la vida más difícil hasta lograrlo. Sin embargo, has de saber que esto no es así en absoluto y que, conociendo las pautas básicas, lograr autoequilibrarte no se hace largo ni pesado y, lo mejor de todo, es algo que comporta una enorme cantidad de beneficios tanto para ti como para quienes te rodean.

8 puntos para lograr el equilibrio de nuestra personalidad

Son muchas las formas en las que podemos ir acercándonos a ese equilibrio deseado en nuestro interior. Yo te propongo estas, que son básicas, fundamentales y muy efectivas para comenzar.

Comprender la naturalidad de la ira

A menudo pensamos que sentir ira es malo, de ser mala persona. Sin embargo, todos nos enfadamos y, por supuesto, no, no debes desterrar este sentimiento tan fuerte.

Lo que debes hacer es comprender cómo es esta reacción en tu interior y detectar cuándo te da la opción de aparecer o no, pues siempre existe un momento en el que decidimos estallar o calmarnos. Si conoces ese momento, sólo tienes que conocer cuál es la posición de la otra parte y considerar si en este punto debemos sentirnos muy enfadados, poco o nada, si debemos comentarlo y de qué manera.

Un punto de vista dado desde la calma y la comodidad

La voz intuitiva de nuestro interior, alta y clara o menuda y tímida, siempre aparece. Cuando estamos en desacuerdo y muy incómodos con algo, a veces sentimos la necesidad de replicar, de quejarnos y de dar una opinión que, en algunas de esas ocasiones, puede que no se corresponda con lo que realmente pensamos.

Tampoco debemos, eso sí, llegar al otro extremo, ese en el que nos paralizamos y se nos acaba no teniendo en cuenta o despreciando lo que decimos.

Un término medio resulta ideal y, sobre todo, equilibrado. Espera a serenarte, a pensar con claridad y a sentirte un poco más cómodo.

Tener siempre presente el bien común

Si actuamos considerando el bien común, nunca se minusvalorará nuestra opinión, pues no se podrá pensar que actuamos con egoísmo.

Aunque nuestro objetivo sea que se nos vea adecuadamente desde fuera, esta filosofía hará que, poco a poco, cambiemos nuestra actitud y nuestro comportamiento, virando siempre hacia la gratitud, la bondad, la generosidad y demás circunstancias que nos hacen sentirnos mejor con nosotros mismos.

No llevarlo todo a lo personal

Si todo lo que escuchamos y todo lo que ocurre lo llevamos a lo personal, terminaremos haciéndonos daño; todo nos afectará más, lo cual nos desequilibrará. Además, se sigue trabajando el egoísmo o, mejor dicho, el egocentrismo. Finalmente, indicar también que si todo lo consideramos como propio, terminaremos dando opiniones condicionadas, intentando imponer nuestra opinión y, en definitiva, actuando de manera en la que queremos tener la razón, defendernos, etc., actitudes muy poco positivas para nosotros.

Suavizar nuestras posturas y opiniones

No estar de acuerdo con algo, aun cuando consideremos al cien por cien que tenemos razón y otro no, no es motivo para que indiquemos que se equivoca. Esto no es algo agradable de escuchar para el otro y te aseguro que, en el fondo, no causa ninguna buena sensación en ti.

Ello implica, primeramente, que estás minusvalorando la opinión de los demás, que no estás parándote a intentar entender y que te consideras por encima por el simple hecho de opinar diferente. Esto hará, además, que el resto de personas actúen de manera defensiva y que tú, en respuesta, también lo hagas, algo que, como podrás imaginar, no supone para nuestra personalidad ese equilibrio que estamos buscando.

Comunicarnos de manera eficaz

Comunicarse significa saber expresarse, pero también saber recibir la información que se nos da. Por muy bien que nos expresemos, si no sabemos solucionar este último punto nuestra posición siempre será unilateral, nada empática, sin opción a la creación de una sinergia entre las partes que forman esa comunicación.

Debemos conocer cuáles son los puntos en los que erramos en esta situación para tratar de trabajar sobre ellos y, de esta manera, hacer que nuestras interacciones sociales sean exitosas, un placer y no una obligación, algo sencillo que nos haga sentir bien con los demás.

Saber retirarnos

La última de las maneras que propongo para conseguir alcanzar el equilibrio de nuestra personalidad pasa por saber cuándo debemos retirarnos y cómo hacerlo.

Si notamos que nos encontramos en desorden, sin equilibrio interior, debemos retirarnos de cualquier situación en la que nos encontremos y que nos haga estar así o que, por otro lado, pueda derivar en algo negativo si no nos comportamos adecuadamente.

En definitiva, se trata de no favorecer ese desequilibrio y que, por supuesto, este no empeore una situación que se esté dando.

Siempre será mejor afirmar que no estamos capacitados, abandonar la situación y enfrentarnos a ella un poco después, cuando hayamos ordenado nuestras ideas y sentimientos. De esta manera, estaremos dando a la otra persona una oportunidad real de expresar su punto y de comunicarse eficazmente con nosotros y, nosotros, por nuestra parte, seremos más receptivos y estaremos más agusto.

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