Aceptar los malos sentimientos; cómo y por qué

¿Cuántas veces te han dado un consejo que has considerado absurdo, cuando estabas mal, y te has tenido que morder la lengua para no mandar a la otra persona (que venía con toda su buena intención, nadie lo niega) a freír espárragos? Y, lo mejor de todo, ¿cuántas has estado al otro lado siendo tú quien le pedía al otro no llorar más o le aseguraba que no pasaba nada o que no merecía la pena estar así. Aunque se hace de buena fe, lo cierto es que esto no resulta positivo, en absoluto, para quien está pasando el mal trago.

Las cosas no se van a solucionar mágicamente (si es que se tienen que solucionar) porque alguien venga a darnos una palmadita en la espalda; no somos robots para que se nos dé una orden y la obedezcamos sin conocimiento. Somos nosotros quienes debemos aceptar los malos sentimientos; sólo así sabremos sentirnos de la manera menos negativa posible en esos casos que, por desgracia, son demasiados.

¿Por qué hay que aceptar los malos sentimientos?

Desgraciadamente, los sentimientos no se cambian, por mucho que lo deseemos. Hay que hacer un muy buen trabajo con ellos para lograr la más mínima modificación y, sinceramente, el esfuerzo es tal que te hace dejar de ser tú para tratar de cambiar algo que forma parte de ti. No tiene mucho sentido, ¿no?

Te digo yo que no, que no es lo adecuado. Lo que sí resulta necesario para que esas emociones negativas no nos hagan infelices ni nos impidan avanzar es aprender a aceptarlas. De no ser así, nunca podremos alcanzar nuestro equilibrio emocional y cada paso en la vida será mucho más difícil de dar. Una persona desequilibrada en este aspecto, además, tendrá que aprender a gestionar el miedo, pues los malos sentimientos, si no se tratan cuando corresponden, se transforman y van a más. Saber hacerlo es beneficioso, por supuesto, pero si lo podemos evitar, mejor que mejor.

Y te digo más. Vivimos en una sociedad en la que estar bien es obligatorio y no conseguirlo nos puede frustrar, ya no por como nos sentimos nosotros sino porque no logramos proyectar esa imagen de nosotros mismos que queremos que los demás perciban. Suena horrible, sí, deberíamos esforzarnos por nosotros pero, por desgracia, no es lo habitual.

En cualquier caso, queda de manifiesto que es esencial conocer esas sensaciones negativas que nos invaden y aceptarlas como lo que son, algo que sentimos en determinadas ocasiones, con una naturaleza particular, como también nos encontramos con aquellos sentimientos buenos que nos hacen sentir muy bien.

¿Cómo aceptar los malos sentimientos?

Ahora que ya hemos visto lo positivo que será para nosotros dar este enfoque a nuestra vida, voy a contarte cómo conseguirlo.

Sal del círculo vicioso en el que te encuentras

Alguien dijo una vez, aunque no se sabe quién, que si buscas un resultado diferente no hagas siempre lo mismo. Se trata de una verdad como un puño que podría utilizar en cualquier reflexión que hago, tanto aquí con vosotros en el blog, como en las clases o como en mi vida personal.

Deja de luchar

Luchar no te está sirviendo de nada. Sientes algo, lo dejas de sentir, creyendo, posiblemente, que has vencido, pero no es así, simplemente, tu “problema” ha desaparecido por el momento. Cuando te quieres dar cuenta ese sentimiento ha vuelto; no ganaste, fue a por munición.

Viendo que esto no funciona, ¿no crees que deberías probar otra cosa? Ya hemos visto que sí y lo que toca ahora es pararse a observar. Para comenzar a aceptar los malos sentimientos debemos detectarlos y conocerlos, sentirlos. No hablo de rendirse sino de pararnos a “escuchar”.

Abre la mente, como es necesario hacer en muchos otros aspectos de nuestra vida, y escucha lo que tú mismo tienes que decirte mediante esas malas sensaciones. No debes avergonzarte ni juzgarte. Además, este es un ejercicio propio, nadie va a hacerte sentir mal por ello, eres libre de sentir lo que necesitas sentir.

Siente y aprende; no luches, la lucha cansa y, por desgracia, una lucha que nunca hemos ganado al mismo oponente año tras año no la vamos a ganar. Hay que quedar en tablas y tratar de sacar lo mejor de esos sentimientos de los que, te digo ya, no te vas a desprender.

Considera tus emociones

Que sientas cosas tristes, llenas de ira o de dolor no significa que estés errado o que debas reprimirlas. Igual que no dudas un instante en la validez de una sorpresa o de la alegría, tus emociones negativas también son válidas. Cuanto antes lo comprendas, mejor. Sólo de esta manera dejarás de sentirte mal por lo que hay en tu interior. Piensa que todo lo que hay dentro de ti eres tú y, por otro lado, también está en el interior de los demás; todos nos enfrentamos a eso que tanto te está preocupando ahora mismo, no somos ni mejores ni peores unos respecto a otros por sentir más o menos.

Resulta que somos seres humanos y ello implica que nuestro estado de ánimo sea variable, de manera que no siempre nos vamos a sentir igual; es normal y es lógico y, por supuesto, nadie va a decirnos cómo tenemos que sentirnos ni por qué.

Siente lo que sientes. Ello hará que aprendas a identificar lo que está por venir, que te comprendas a ti mismo y que, finalmente, sepas atender mejor tus necesidades. Al final, todos los sentimientos que tenemos se van igual que vienen, los que nos gustan y los que no; tienen un curso que deben seguir, pasando por nuestro interior y nosotros debes darles la bienvenida pues, como digo, son emociones nuestras, propias, únicas, tan válidas como las demás.

Ponte en lugar del otro

Una manera estupenda y que nos permite ver los resultados es practicando con los demás. Cuando alguien se sienta mal, en lugar de darle esos consejos que tanta rabia nos dan a todos, ponte en su punto, trata de sentir lo que siente; posiblemente no sea tan diferente de lo que sientes tú. Aprende de él y deja que aprenda de ti. Aconseja si te lo piden, sirve de apoyo y comprende (desde todos los puntos de vista) qué es lo que sentirse mal incluye.

Sé fuerte

Aunque es duro decirlo, vamos a sentir dolor toda nuestra vida, va implícito en tener sentimientos y que nos importen ciertas cosas y ciertas personas. Además, si no tuviésemos ese tipo de sentimiento tampoco podríamos apreciar cuando sentimos algo realmente bueno; no existiría contraste.

Por ello, lo que tienes que hacer es, sabiendo que el dolor reaparecerá, hacerte fuerte para llevarlo de la mejor manera posible, hasta el punto de conseguir aprender de él.

Sin resignación

Por supuesto, acabo diciéndote que todo pasa, que no te estoy diciendo que aprendas a vivir en un dolor y una amargura constante sino que cuando este se presente, le des la bienvenida.

Por supuesto, esos serán cortos momentos y, como todo, el dolor y el resto de malos sentimientos se irán, dando paso a algo mejor.

¿Mi consejo? Aprender a no rendirnos nunca.

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