5 lecciones que aprendí con mindfulness

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Centrado en “el aquí y el ahora”, el Mindfulness es una filosofía que, entre sus múltiples beneficios, nos aporta felicidad. Una felicidad, por supuesto, no material; es una felicidad fruto de vivir la vida con todos nuestros sentidos. Y relacionado con ello quiero hablarte hoy de 5 lecciones que aprendí con Mindfulness. 

 

¿Por qué nos cuesta tanto vivir el momento? 

 

Aunque cada persona es un mundo, sí que es cierto que existen una serie de errores que todos -o prácticamente casi todos- cometemos. Estos nos impiden ver lo que tenemos delante porque estamos intentando ver más allá. 

Esto hace que, irremediablemente, vivamos desconectados de lo que está pasando, impidiéndonos vivir la realidad del ahora, que es mucho más interesante y, por supuesto, más positiva que cualquier idea que podamos estar creando en nuestra mente. 

Veamos qué cinco aspectos fundamentales son los que nos alejan, sin darnos cuenta, de la realidad más próxima y personal de cada uno. 

 

No sabemos vivir con conciencia 

 

Hemos rutinizado nuestra vida hasta el punto de no ser conscientes de la mayoría de cosas que nos pasan y, lo que es peor, las que nosotros mismos hacemos. 

Muchas veces no sabemos si nuestros actos tienen repercusión sobre los demás, si lo que hacemos puede afectarnos de alguna forma al cabo del tiempo o si estamos actuando correctamente. 

Tenemos el chip puesto; un chip diseñado para ser eficientes y hacer que pasen las horas, cada uno haciendo lo que nos toca hacer de la mejor manera posible, pero sin ser conscientes, en muchas ocasiones, de lo que pasa. 

 

Nos preocupamos demasiado 

 

Está claro que no hay que restar importancia a las cosas que nos rodean y que nos pueden afectar o nos hayan afectado. Sin embargo, es demasiada la preocupación que tenemos por cosas que están por llegar -incluso por aquellas que puede que nunca ocurran- y por las que ya han pasado. 

Sí, sé que es difícil esquivar esos pensamientos que, en muchas ocasiones, son algo más importante que simples desvaríos mentales. En ocasiones son fruto de una preocupación real, por posibles consecuencias o porque existe una incertidumbre sobre nuestro futuro. Sin embargo, debemos intentar restar importancia a estos pensamientos que de nada nos sirve tener. 

 

Nos anticipamos demasiado 

 

Derivado de lo anterior tenemos el hecho de que vivimos anticipándonos a las cosas antes de que ocurran. Además, nuestra visión premonitoria suele estar muy alejada de la realidad. Son las personas demasiado positivas o negativas las que más realizan este movimiento anticipatorio, premonizando situaciones que, a menudo, son completamente contrarias a lo que la lógica o la probabilidad apuntan. 

Esto hace que, inevitablemente, vivamos una realidad desajustada que termina por condicionar lo que hacemos y la manera en la que vivimos. 

 

Vivimos juzgando, criticando 

 

Nuestra mente destina una gran parte de esfuerzo en pensar en lo que hacen los demás. La mayoría lo hacemos, además, de manera negativa, prejuzgando y menospreciando las actitudes que no son propias. 

Este es un vicio muy inadecuado que, lejos de parecer inofensivo si lo hacemos en la intimidad, no hace más que emponzoñarnos, nos envenenamos nosotros mismos hasta el punto de no dejarnos ver más allá: más allá de esa persona a la que hemos criticado, más allá de la situación que estamos juzgando, más allá del contexto en el que ocurren las cosas. 

 

No asumimos las responsabilidades 

 

Cuando no asumimos nuestras responsabilidades estamos perdiendo en muchos aspectos. En un principio nos puede parecer positivo esquivar algunos quehaceres (a cualquier nivel), si no encontramos consecuencias lo suficientemente graves. 

Sin embargo, de entre las muchas cosas que esta actitud tiene para nosotros, una de ellas es, nuevamente, dejar pasar la vida sin darnos cuenta de ello. Diciéndolo mal y pronto, nos hacemos los locos para que todo pase lo más rápida y fácilmente posible para nosotros, de manera que no nos suponga un esfuerzo. Sí, nos ahorramos ese esfuerzo, pero también una experiencia que puede que nunca tengamos la oportunidad de volver a vivir; y no hay que olvidar que de las experiencias siempre se aprende. 

Vivir en un estado de atención plena es ideal para aprovechar cada momento, para pensar fríamente y analizar lo que ocurre a nuestro alrededor y, por supuesto, para ser feliz al ser capaz de aunar todos nuestros sentidos y ponerlos verdaderamente a nuestra disposición justo ahora, cuando los necesitamos. Esto es lo que el Mindfulness nos indica -entre otras muchas cosas- y no es más que el camino a seguir para aumentar nuestra percepción de la realidad y la plenitud de nuestras actuaciones. 

 

Seguro que este artículo te ha hecho abrir un poco más los ojos y darte cuenta de que, efectivamente, quieres vivir tu “aquí y ahora” plena y felizmente. El libro Mindfulness-Atención plena: Haz espacio en tu mente; Andy, Puddicombe seguramente pueda ayudarte a ahondar mucho más en los aspectos que he comentado hoy aquí. 

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